La crisis en la UACM

por Miguel Ángel Velázquez

Pasada la medianoche, ya despuntando el miércoles, quienes estaban en la mesa de negociaciones para solucionar el conflicto en la UACM vieron la posibilidad de llegar a un arreglo. Se logró que los nueve puntos a discusión tuvieran consenso a favor. Sólo estorbaba uno, ese que permitía que las sesiones del consejo celebradas antes y después de los acuerdos, es decir, las que fueron calificadas de “ilegales” porque no contaban con la presencia y el voto de los consejeros que desconoció el grupo orozquista, fueran reconocidas.

Se les tendió la trampa, en la que los estudiantes no cayeron, y hubo que volver a empezar. Las partes se arrinconaron y ya nada prosperó. Para los jóvenes que cursan estudios en la UACM se trataba, con ese punto, como se presentó, de dar validez y legalidad al grupo de la señora Orozco, cosa inaceptable, así es que se tuvo que declarar un receso para cambiar la redacción, aunque ya hecha la observación surgieron otras inconformidades que hasta el cierre de este espacio no se habían resuelto.

Parece que, pese a todo, aún no se entiende que el problema sigue siendo la señora Orozco, por más que de un lado y del otro se trate con el discurso de la modernidad –ese mismo que ahora tiene hundida a España– de defender el cúmulo de problemas, de todo tipo, inherentes a su trabajo en esa escuela, que empezó con un diagnóstico que, por cierto, no dejaba de ser humillante para la comunidad universitaria.

Reconocer esto, el verdadero problema de la UACM, no quita ninguno de los proyectos que se pudieran tener para la casa de estudios, por el contrario, su dimisión sería en definitiva la piedra de toque para reflexionar sobre las bondades o los perjuicios de cambiar el modelo que hasta ahora mantiene la escuela.

Hace algunos días, durante la presentación que hiciera Miguel Ángel Mancera en el Palacio de Minería de su proyecto de hacer del DF la ciudad capital de México, con todos los derechos y obligaciones que marque la ley, algunos de los más destacados invitados –entre ellos Manuel Camacho, y Cuauhtémoc Cárdenas– comentaban que sería una injusticia que el problema de esa universidad se le heredara al próximo jefe de Gobierno, aunque no señalaron que la herencia conflictiva tiene nombre y apellido, y funge como rectora de la UACM.

Tal vez todos esos personajes, y muchos más, ya se dieron cuenta de que si el problema de la elección de consejeros se resuelve sin la salida de la señora Orozco, la herencia maldita quedará presente, y más tardará Mancera en tomar posesión que en estallar un nuevo conflicto, que tendría que ser resuelto por el nuevo gobierno, así que el asunto no tiene otra puerta de salida.

A eso se debe que en la Asamblea Legislativa del DF ya esté acordado un punto para pedir a la señora Orozco que reflexione sobre su permanencia en la UACM y el daño que causaría a todo el entramado político de la ciudad de seguir en el cargo.

No es casualidad que el diputado Federico Döring, panista del ala extrema de la derecha, en apoyo a la rectora haya pedido incluso el desalojo, por medio de la fuerza, de los estudiantes de las escuelas tomadas. Por eso, repetimos, el conflicto hoy es político y debe resolverse con miras a mejorar la situación de esa universidad.

Por la UACM

por Manuel Pérez Rocha

Hay conflictos estériles, otros son ocasión de progreso. Incontables avances de la humanidad han sido resultado de duras pugnas y antagonismos. Desde su nacimiento, la UACM ha vivido diversos conflictos: algunos internos, otros con funcionarios del Gobierno del Distrito Federal, con algunos miembros de la Asamblea Legislativa, con intereses privados, con negociantes inescrupulosos, con algunos medios de comunicación. El actual es el más difícil, delicado, riesgoso y el único causante de un prolongado “paro” de actividades; los demás fueron resueltos de manera institucional. Solamente hubo otros dos “paros” en sus primeros nueve años de vida, se restringieron a un plantel y duraron dos horas uno, y el otro media hora.

No es posible predecir cuál será el desenlace de la complicada situación actual de la UACM (iniciada hace año y medio) pero sin duda, además de los costos muy lamentables, ha rendido como fruto valioso la expresión de ideas y la comunicación de experiencias. Véanse, por ejemplo, los textos publicados en el blog “Por la UACM” de la Academia de Creación Literaria de la propia universidad. En ellos se reflexiona acerca de los valores académicos, humanos y sociales de esta joven casa de estudios. En todos los escritos hasta ahora publicados (40) se manifiesta con claridad la sólida formación de los estudiantes, la profunda vocación de sus maestros y el compromiso inteligente de los trabajadores. Aporto una brevísima muestra.

Berenice Reza, estudiante de la tercera generación, escribe: “(…) en agosto de 2009 me titulé con un trabajo que contiene una novela y una poética personal. Casi en seguida partí a Francia (donde aún me encuentro) para desempeñarme en un puesto de asistente de lengua española en la Universidad de Perpiñán, en la costa mediterránea. El año escolar pasado hice en esta universidad una maestría en estudios hispánicos y este año he comenzado el doctorado en literatura comparada en la Universidad de París III, bajo la dirección de una reconocida mexicanista (…) La UACM me dio la posibilidad de descubrir mis capacidades y habilidades y me enseñó a formarme una propia disciplina. No me fue tan fácil. La UACM es una universidad exigente. En mi tránsito por ella hube de activarme y ayudar a construirla”. Sin duda lo hizo, fue una de las organizadoras de aquel “paro” de media hora y trabajó creativamente dos años en el Consejo General Interno.

Hugo Hiriart, escritor, dramaturgo, premio Xavier Villaurrutia, premio Nacional de Letras y Literatura (entre otros), explica con entusiasmo por qué eligió enseñar en la UACM y nos advierte: “(…) estos pleitos también pueden crecer, enredarse y arrojar lamentables consecuencias. En este sentido sería muy iluminador que se hiciera en la universidad una distribución masiva de la gran historia de Tucídides, al fin de cuentas todos somos universitarios, que narra cómo los enconos y discordias subjetivas y ratoneras destruyeron la antigua y milagrosa Hélade. Si Grecia fue destruida, qué no le puede pasar a nuestra pequeña y reciente universidad”. Con oportuno tino sintetiza después seis recomendaciones de expertos en la solución de conflictos. Es necesario leerlas.

Ernesto Aréchiga (licenciado, dos maestrías, un doctorado en marcha en El Colegio de México) ha sido promotor y coordinador de “Letras Habladas”, programa pionero de la UACM para dar formación universitaria a personas con discapacidad visual. De su experiencia como profesor nos dice: “En esta universidad he conocido a estudiantes comprometidos, hombres y mujeres, jóvenes y no tanto. Ellas y ellos me han enseñado más de lo poco que yo les he podido enseñar. De ellas y ellos he recibido grandes lecciones (…) Arhemí y Elena ya egresaron y estudian maestría. Vero, José y Beatriz escriben sus tesis, las demás caminan a paso lento pero seguro en la vereda de la licenciatura. Lejos de ser un signo de fracaso, este andar lento es un signo de triunfo para una institución que se asegura de educar a quienes en otras universidades nunca habrían tenido la oportunidad de hacerlo”. Aréchiga, maestro, con frecuencia se convierte en estudiante: “En la UACM he tenido la enriquecedora experiencia de asistir a los cursos del poeta David Huerta, poseedor de una profunda sabiduría y mayor sensibilidad, quien acepta en su aula lo mismo a poetas reconocidos que a estudiantes de doctorado, a estudiantes de licenciatura y a neófitos como yo”.

Patricia Blancarte, secretaria en la UACM, ahora secretaria y estudiante, escribe: “Siempre me pregunté cómo sería estudiar una carrera en la UACM, ahora me puedo contestar: bueno, pues es verdaderamente fabuloso (…) No defraudemos tantos sueños y trabajo, sigamos cumpliendo metas, fue así como se nos mostró el camino. Las personas vamos y venimos, pero el conocimiento y el aprendizaje prevalecen, la formación de ciudadanos íntegros es un gran logro. Sigamos adelante en la construcción de una gran casa de estudios y lo que un día empezó como un proyecto, concluyámoslo con una visión positiva en la preparación y formación de mejores personas”.

Quien quiera conocer a la UACM hará bien en leer, para empezar, los textos de ese blog. La UACM no es sólo un proyecto académico sólido y avanzado, es una realidad construida por estudiantes, profesores y trabajadores entusiastas ¿Cómo recibirán todos ellos tanto vituperio proferido por gente de casa y de fuera? La UACM, ha dicho con insistencia la propia rectora, se diseñó como un “proyecto político” al cual “intencionalmente se le dejó sin normas”. ¿Qué es esto? ¿Amnesia? ¿Autismo? ¿Esquizofrenia? ¿Perversidad? ¡Ella fue durante ocho años parte del consejo asesor encargado de poner en marcha el proyecto y de elaborar sus normas! Opinadores de la prensa mercantil y de los medios de comunicación han aprovechado la campaña de la rectora para decir cuanto quieren con falta total de ética y ausencia del más mínimo sentido de responsabilidad profesional. Incluso en el programa Primer Plano de Canal Once la doctora María Amparo Casar, sin aportar dato alguno, calificó a la UACM de “proyecto de partido”.

El conflicto de la UACM tiene otro saldo: una radiografía de los sectores y personas que han intervenido en él con sus opiniones y dicterios.

UACM: la rectora Esther Orozco en el clímax de la ilegalidad

Pulso Ciudadano

El conflicto que vive la Universidad Autónoma de la Ciudad de México desde hace más de dos meses pareciera no tener una salida política a corto plazo. A la toma de los cinco planteles se le ha sumado la ocupación de las oficinas administrativas de esta casa de estudios. ¿Es la rectora Esther Orozco la principal responsable del estado de guerra en la UACM?

El Consejo Universitario, máximo órgano de gobierno de la UACM, fue víctima de un fraude electoral en agosto de este año. Incontables irregularidades terminaron beneficiando misteriosamente a la rectora, Esther Orozco. El vacío legal forzó a numerosos estudiantes a tomar los planteles como forma de legítima protesta.

Frustrados los intentos de resolución del conflicto, el pasado jueves, integrantes del Consejo Estudiantil de Lucha (CEL) tomaron el edificio ubicado en la Avenida Eugenia, en la Colonia Del Valle. Con esta última toma, la institución quedó ocupada en su totalidad. Según los estudiantes, la decisión se da en el marco de la “completa impunidad que ha tenido la rectora Esther Orozco para sabotear los procesos de diálogo.” Según ellos, Orozco “no ha llamado a conformar el Consejo Universitario legal, emanado de las urnas.”

La rectora, lejos de buscar una solución plural, participativa e incluyente, digna de una universidad pública, contraatacó en cuanto medio de comunicación pudo.

El mismo jueves en la noche se presentó en los estudios de Milenio, y el viernes, por la mañana, le ha concedido una entrevista a la periodista Carmen Aristegui. En ambos programas no ha hecho más que continuar horadando el tejido social de la universidad, estigmatizando la protesta estudiantil.

Así, sin prueba alguna, ha vinculado una y otra vez a los estudiantes con el alcohol y las drogas, además de insinuar que actúan pagados por grupos externos, o que en realidad son grupos externos y no son estudiantes, o que son estudiantes mayores: “uno de ellos debe tener cuarenta años”, intentando captar alguna audiencia pobre en cultura democrática.

Lo cierto es que no ha tenido ninguna prueba para justificar sus dichos. La misma Carmen Aristegui la ha confrontado con una repregunta obligada: “¿Usted puede confirmar lo que dice, doctora?” Esther Orozco, en medio de la inesperada réplica, y viéndose frente a una gran audiencia matutina, no hizo más que alegar suposiciones: “Yo digo, Carmen. Yo supongo.”

Este desafortunado hecho se suma al gran “prontuario” que supo cosechar la científica desde su desembarco en la UACM. Denuncias de nepotismo y corrupción, de autoritarismo y xenofobia, no han dejado de escucharse en los pasillos de la institución y en los de la justicia.

¿Una rectora autoritaria?

Estudiantes y profesores han denunciado todo tipo de acoso en medios electrónicos y en la calle. Para muchos, la UACM se ha transformado en una universidad autoritaria y sin ningún resguardo de los derechos. Varios han autocensurado su participación o su mera opinión por miedo a las represalias: si la rectoría desoye las recomendaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, ¿qué protección tendrían ellos como participantes críticos? Hay varios procesos iniciados por la Contraloría General de la UACM. Procesos totalmente arbitrarios y sin ningún sustento. Valeria Flores y Cuauhtémoc Santos, trabajadores administrativos, son un ejemplo. A ellos se les ha impedido la libertad sindical.

Sin lugar a dudas, la inoperancia para resolver el conflicto por parte de la rectora ha sido mayúscula. Ha transformado deliberadamente un problema universitario en un problema policial. Pareciera ser el terreno que mejor le cabe a su triste desempeño. No ha sido capaz de tejer los lazos democráticos, de diálogo, que deberían sostener a una institución de este tipo. En cambio, se ha transformado en la abanderada de la intimidación, la presión, y la violencia. En la actualidad sesiona con un mínimo de representantes de la comunidad de forma ilegal para los estatutos de la institución.

La noche de la toma de las oficinas de Eugenia, de forma extraoficial, un funcionario del gobierno capitalino comparó la intolerancia de Esther Orozco con lo peor del 68. “Le gustaría—dijo el funcionario— pero no puede”. En realidad, no ha podido hasta ahora, porque el gobierno del D.F. ha estado firme en desautorizar su escalada policial: nadie, absolutamente nadie, ni siquiera Ebrard, quiere cargar tan nefasta sombra. Pero autonomía no significa impunidad. Por ahora, la ilegalidad de Esther Orozco sigue indemne.

Esther Orozco: la manipulación, la fuerza y el desprecio a la razón

por Roberto Josué Bermúdez Olivos

“Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes” – Jacinto Benavente

En la pasada toma de Eugenia donde sesionaría el consejo universitario ilegitimo de forma provocadora, donde además se buscaría sancionar a los profesores y administrativos disidentes a la rectora Orozco, se siguió una estrategia por parte de la Rectora que ha sido sistemática: llevar la confrontación y la provocación hasta sus máximas consecuencias.

Antes que los paristas accedieran a las instalaciones, la gente de la rectora empezó a montar un show mediático cuando sin que mediara agresión alguna gritaban histéricos que eran golpeados, golpeando ellos mismo y arrojando sillas contra los cristales buscando crear un escenario de violencia que no existía, esto lo puedo sustentar si es necesario con grabaciones que tengo en mi poder donde se ve que estrellan las sillas contra los cristales y se dicen golpeados sin que nadie los toque. Nadie sale al momento del desalojo con un solo golpe, aunque esto es lo que denuncian en cuanto ven una cámara al exterior del edificio. Los miembros de la RED salieron amenazando a cuanta persona les pareciera que estuvieran con los paristas con insultos, incluso uno de ellos de nombre Sebastián López gritaba: “ahora si van a saber lo que es un porro hijos de la…” amenazando con acabar con los paristas y su aliados. Todos los que fueron desalojados azuzaban a la policía y a los granaderos para que acabaran de una vez “con los delincuentes paristas.

La rectora salió escoltada sin ningún golpe y se retiró por su propio pie. Al instante llegaron más de 500 granaderos quienes no actuaron gracias a la intervención de los visitadores de la CDHDF y a que llegó mucha gente, en su mayoría profesores y padres de familia que impidieron la represión. Miembros de la rectoría en todo momento pidieron la entrada de los granaderos para desalojar a los parista por la fuerza.

Este tipo de montajes, provocaciones y manipulaciones son sistemáticos por parte de la rectora Orozco, revisemos:

Esther Orozco habla de excelencia educativa cuando no es capaz de demostrar su propia excelencia educativa, hasta el día de hoy no ha mostrado documentos que certifiquen su trayectoria académica.

Es incapaz de asumir responsabilidad alguna de sus actos acusando en los medios de comunicación a diversos actores de atacarla y golpear a la UACM, todo esto sin prueba alguna, atacado sin ton ni son a organizaciones tan diversas y actores que tiene muchas veces tan poco en común, como son: Morena, SME, yo soy 132, PT, PRD, Frente Popular Francisco Villa, a la Profesora Raquel Sosa, a Andrés Manuel López Obrador, al coordinador de la carrera de Sociología de la FCPyS el Dr. Massimo Modonessi, al ex rector de la UACM Pérez Rocha, a Carlos Fazio, a Enrique González Ruiz, al periódico la Jornada, al sindicato de la UACM, al CGH reviviendo incluso a personajes que están desaparecidos del escenario nacional como el Mosh. Solo le falta integrar al comunismo soviético y cubano en su lista negra de enemigos imaginarios y todavía tiene la puntada de decirse una persona de izquierda, esquizofrenia pura.

Minimiza y acusa de amiguismos y complicidad con sus adversarios la CDHDF, a la cual por cierto no atendió cabal y seriamente la recomendación emitida en su contra.

Guarda silencio contra las graves acusaciones que tiene en su contra por beneficiar a cuestionadas empresas de EU en su antiguo puesto.

Miente al interpretar a su modo las recomendaciones de la comisión mixta, no respetándolas y sesionando de forma provocadora con una ilegitimo consejo universitario lo cual es aclarado por los propios miembros de la comisión de notables a los cuales ignora. Menospreciando a organizaciones de alto nivel moral como SERAPAZ y a personajes de la talla de Enrique Dussel y Miguel Concha.

Dice que quiere una solución entre universitarios mientras solicita que se reprima a los activistas criminalizándolos y profundizando el problema dando de baja a más consejeros críticos en vez de dar pasos en pro de resolver el conflicto. La violencia documentada ha venido de grupo de choque avalados por ella, los cuales han agredido físicamente a los grupos que disienten con la rectora, un compañero casi pierde un ojo por una golpiza de un miembro de la RED y está la célebre foto de Del Moral aventando un bote de basura contra los activistas y difundiendo volantes donde adoptan figuras nefastas como el Ku Kux Klan.

Difama y ataca a sus supuestos enemigos tanto al exterior como al interior de la universidad, sin que la razón le favorezca como lo demuestran los juicios laborales que ha perdido y la misma recomendación de la CDHDF quien la evidencia de autoritaria y violadora de derechos laborales.

Actúa como al nivel de un porro o un troll cibernético usando su cuenta de twiter para atacar a sus adversarios, bonito se vería el rector de la UNAM haciendo eso, por supuesto es algo que alguien con nivel oral y académico nunca haría.

Ella empezó el conflicto desprestigiando mediáticamente a la UACM, confrontándose y atacando a administrativos y académicos, dando un golpe de estado dentro del consejo universitario con tal de no perder la mayoría y su poder absoluto y autoritario dentro de la UACM.

Intelectuales de prestigiado nivel como el Dr. Rodríguez Araujo, el Dr. Hugo Aboitez, el Dr. Gilberto López y Rivas le han hecho severas críticas con las cuales solo se victimiza o hace oído sordos.

La razón no está de su lado por lo que recurre a la manipulación y a la fuerza, ella quisiera un escenario donde el Gobierno del DF se vista de represor de estudiantes, donde ella reine como una déspota sin contrapesos dentro de una universidad plural donde hay diversas voces y formas de pensamiento.

Una persona con las características antes descritas, evidenciada de corrupta, fraudulenta, violadora de derechos humanos sin que logre desmentir esto de forma categórica y seria, no merece ser rectora de una institución a la cual dice defender pero que solo ha desprestigiado y confrontado a niveles graves con daños que pueden ser irreversibles si no se cambia el rumbo urgentemente.

Esther Orozco: el conflicto en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

por Sara Lovera

La Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) se encuentra en la cima de un grave conflicto que asomó en marzo de 2011, cuando un nutrido grupo de mujeres académicas, estudiantes y trabajadoras advirtieron que la rectora, Esther Orozco, actuaba con prepotencia, misoginia y autoritarismo.

Entonces, hace más de año y medio en este espacio yo escribí: “Hace meses que el sindicato de esa casa de estudios ha reclamado, una y otra vez, diálogo y soluciones. Sabemos que las mujeres en el poder muchas veces no tienen apoyo ni recursos; otras exceden su actuar por miedo y falta de confianza en sí mismas o simplemente se enfrentan a aparatos que las estrangulan.

“Sin embargo, hay casos fantásticos donde enfrentan esto y más y salen adelante, pero también hay esos tremendos casos donde ni siquiera se plantean que están llamadas a hacer una política diferente y a afianzarse en la historia de lucha de las mujeres.

“Tal es el caso. Dicen las feministas que comenzaron a lamentar el autoritarismo de doña Esther, desde que se hizo del puesto, desde su toma de posesión”.

Hoy su incapacidad ha llegado al límite. La violencia desatada el 8 de noviembre, los 75 días en paro de todas las instalaciones de esa casa de estudios, la ilegalidad con que se quiso imponer un Consejo Universitario, la malversación de recursos y un conflicto de intereses, todo ello documentado e investigado por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), desgraciadamente confirma aquel señalamiento de académicas, trabajadoras y estudiantes.

La violencia ha tocado la puerta de la UACM y no podría saberse a qué responde. La advertencia de las feministas era real y nadie durante meses quiso entrarle. Me refiero a las autoridades del gobierno Distrito Federal, que debieron mediar, a las del trabajo, a los asambleístas que son representantes populares y otras instancias. Ha ganado el encono y hoy esta casa de estudios, que buscó probar un modelo educativo diferente y democrático, se ha ido a pique.

Todo certifica que lo que dije en abril de 2011, fue real: dije que la rectora ha puesto en práctica “una política caracterizada por la falta de disposición al diálogo; no se diga a la crítica, por una estrategia anti sindical, de acoso laboral, irregularidades como la retención de las cuotas sindicales, despidos y un despotismo rayano con la megalomanía”.

Y agregué que mis fuentes afirmaron: “nos alarmaron los crecientes reportes de corrupción y nepotismo que fueron expuestos en un reportaje de Emir Olivares, publicado en La Jornada del 10 de abril”. Hoy documentados fehacientemente, al dar contratos sin concurso, tener un proyecto de abultado dinero, en manos de su propia hija, etcétera. La alarma inicial fue porque doña Esther había llamado un 8 de marzo a una marcha de tacones, nada tan opuesto a la igualdad y el desarrollo de las mujeres.

Entonces sólo aparecía el dintel de un conflicto, el paso del tiempo han puesto la evidencia: la rectora fue mal acompañada por grupos o intereses inconfesables, los que desataron un proceso verdaderamente inapreciable y de resultados funestos. O tal vez está preñada sólo de poder. Estos de hoy, existen diálogos incompletos que se reanudarán esta semana que escribo.

Las informaciones fueron claras y la atinada intervención de Derechos Humanos. El 28 de septiembre de 2012 la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió la Recomendación 14/2012 a la Rectoría y a la Contraloría de la UACM, en ésta se confirman las violaciones a los derechos a la educación; a la honra y a la dignidad; a la libertad de expresión; a la igualdad y a la no discriminación; derechos de las mujeres a vivir una vida libre de violencia; al debido proceso y a las garantías judiciales; así como el derecho a la libertad sindical y derecho de asociación de diferentes integrantes de la comunidad universitaria.

Varios días después Integrantes de la UACM exhortaron a la Rectora a aceptar la Recomendación 14/2012, ya que ésta fortalece la legalidad y la vigencia de los derechos humanos.

La CDHDF recomendó también formar una comisión de diálogo; pedir disculpas públicas; publicitar el procedimiento a la vigencia de los documentos migratorios de los extranjeros; reconocer la toma de nota, respetar la libertad sindical y devolver las cuotas al SUTUACM, (retenidas hace año y medio), así como capacitar al personal en derechos humanos.

Resalta también la recomendación única a la Contraloría, en el sentido de cancelar los procesos administrativos iniciados contra Alberto Benítez, John Hazard, José Luque, Claudio Albertani, Javier Bojorge, Julia Cortés y Nezahualcóyotl Luna, que en los hechos significa la reinstalación de los despedidos. Finalmente, se recomienda “reconfigurar la Defensoría del Estudiante” para convertirla en un Ombudsman Universitario.

Sin embargo, Orozco y su grupo no se han sensibilizado. Las peticiones son muy sencillas: la renuncia de la rectora Esther Orozco, respeto a la autonomía y la instalación del tercer consejo universitario.

De los hechos de violencia, según lo difundido en una entrevista de MVS, Esther Orozco señaló: la toma de las instalaciones administrativas fue perpetrada por “un grupo minoritario, que está empeñado en tomar la universidad como ariete político” y acusó que sus opositores financian a grupos para agredir a los universitarios. Sin embargo, reconoció que no tiene pruebas de ello. “Lo supongo, pero no hay otra forma de explicarlo”, dijo.

Y del diálogo, que apenas comenzaba a recomendación de la CDHGF, expresó: que sí firmó “los llamados Acuerdos de Casa Lamm respecto a la instalación del Consejo Universitario, por lo que dijo no entender qué quieren los paristas. Sugirió que podría ser una forma “de presionar al jefe de gobierno entrante para lograr posiciones”. Es decir, ella no asume responsabilidad, sale por la peor vía y no responde de cómo amparó la manipulación electoral de los consejeros universitarios.

Nos encontramos en un caso grave, ahora en manos del subsecretario de gobierno del DF, Juan José García Ochoa, que habrá de enfrentar un encono que creció como la espuma.

Sólo en las épocas de mayor prepotencia priista las universidades se convertían en arietes políticos. La violencia no es la salida, todas y todos lo sabemos. ¿A quién le importa poner piedras en el camino del nuevo gobierno capitalino? ¿Por qué se ha llegado hasta aquí? ¿Cuál es la salida? Esther Orozco ¿todavía no entiende? Y por su parte el jefe de gobierno electo Miguel Ángel Mancera ha dicho con claridad que espera no heredar el conflicto y el encono que están en la cima de la dificultad.

Esperemos.

De las cosas que uno se entera viendo la televisión

por Paco Ignacio Taibo II

I

En la medianoche del jueves pasado, alguien me avisó que siguiera la emisión Milenio Televisión, de una entrevista realizada unas horas antes. La rectora de la Universidad de la Ciudad de México (la UACM en versión sopa de letras) se quejaba amargamente de haber sido desalojada de sus oficinas en la colonia del Valle de la ciudad de México por una maligna turba de estudiantes enmascarados apoyados por gente de esa “que toma casas” y remata con la siguiente frase: “Paco Ignacio Taibo no estaba aquí, pero dirige también la agresión”.

–Ay, nanita –digo en voz alta–. De qué cosas se entera uno viendo la televisión.

Bueno, menos mal que no estaba ahí. ¿Estaría cerca de allí? ¿Me habría reunido con los tomadores de oficinas a la vuelta de la esquina? ¿Habría organizado el complot que la despojaba de su escritorio y sus papeles reuniéndome con los estudiantes? (Por cierto, las oficinas son de la universidad, no de la rectora, aunque su comportamiento en estos últimos meses no ha sido de directora de una universidad, sino de propietaria de ella.) Para los interesados en precisiones traté de imaginarme cómo, con quienes y a qué horas “dirigí la agresión”.

La misión resultó imposible. El martes asistí a la manifestación convocada por estudiantes y profesores en huelga que salió de esas instalaciones. Ejercí el pleno derecho de opinar y actuar en un conflicto que envuelve a la universidad de mi ciudad. Reiteraba mi apoyo a los huelguistas y sus demandas. Marché en la cola de la manifestación con mi compañera Paloma, unas 20 cuadras (lo siento, de la colonia del Valle al Zócalo y fumando al ritmo que fumo es más de lo que se le puede pedir a un ciudadano medio consciente). Saludé a algunos maestros y muchos estudiantes. En ningún momento opiné sobre si el siguiente paso de la huelga debería ser la toma de la rectoría o alguna otra medida. Entiendo que el movimiento tiene su propia forma de tomar decisiones y la respeto. A lo más que llegué fue a decir al pie de la rectoría:

–Mejor bajen; la vida está acá abajo –dirigido a unos anónimos esquiroles que se asomaban desde las alturas.

De cualquier manera la frase no era afortunada; no creo que la hayan escuchado y me pintaron un violín desde una ventana.

Al día siguiente y en lo que en los partes policiales suele llamarse “la hora de los sucesos”, estaba reunido con 400 estudiantes de Chapingo dando una conferencia (la rectora podría entrevistarlos uno por uno, para que dieran constancia del hecho, sería divertido) y posteriormente en un debate sobre políticas culturales con la presidenta municipal electa de Texcoco, en el que había otros tantos asistentes. Durante todo ese día, transporte incluido, no conversé con ningún uacemita (así se llaman a sí mismos los compañeros, con ese nombre extraño que parece sacado de una subtribu apache).

Quedaba una posibilidad, podía haber “dirigido la agresión” por teléfono. Cosa por demás complicada porque no tengo ningún teléfono de los estudiantes en huelga y, aún peor, como los que me conocen saben, ni siquiera tengo un celular.

II

Durante un instante seamos serios aunque, cuando el debate político cobra la forma de la calumnia, cuesta trabajo serlo.

No son los estudiantes los que han violentado la legalidad universitaria; es la acusadora rectora, quien en estos últimos meses ha conducido a la UACM al caos: confrontando al sindicato, reteniendo las cuotas sindicales, despidiendo ilegalmente a varios trabajadores, tratando de romper el modelo popular de la universidad en función a proyecto aristocrático-elitista impuesto por la fuerza, corrompiendo a los que se dejaran con empleos fantasmas, becas y prebendas, utilizando las amenazas y la intimidación contra los profesores (muchas de estas situaciones recogidas en la recomendación de Derechos Humanos del DF), diciendo que cumplía acuerdos que ignoraba y mintiendo y, finalmente, en el colmo de autoritarismo, desconociendo a 10 consejeros universitarios independientes que habían ganado en las últimas elecciones, poniéndola en declarada minoría.

Es la acusadora rectora la que ha desoído las conclusiones de la comisión mediadora para resolver el conflicto reponiendo las elecciones cuestionadas y es ella la que ha amenazado con destituir a los demás consejeros independientes si no aceptan integrarse en un consejo espurio. ¿De qué se sorprende, pues, si los estudiantes en legítima huelga deciden tomar las instalaciones de su universidad? (La de ellos, no la de ella.)

III

Me debato internamente entre tomármelo a broma, llamar a mi abogado (que más que abogado es cuate) y demandarla por difamación o usarla como ejemplo para un personaje de futura novela policiaca que, siendo alto funcionario del sector educativo y habiendo fumado mariguana de baja calidad, se dedica a reprimir a un pobre bibliotecario, aunque en la era de Elba Esther hay prototipos mejores.

Sea lo que sea, sigo apoyando al movimiento, nomás faltaba.

UACM: salvaguardar la autonomía

Editorial La Jornada

El conflicto por el que atraviesa la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) desde hace más de dos meses sigue escalando a niveles preocupantes: frente a la toma de las instalaciones administrativas de esa casa de estudios realizada la noche del jueves por integrantes del Consejo Estudiantil de Lucha –opositor a la rectoría que encabeza Esther Orozco–, los consejeros universitarios afines a la rectora acordaron solicitar el uso de la fuerza pública por parte del Gobierno del Distrito Federal para recuperar los planteles tomados, perspectiva que, de concretarse, albergaría el riesgo de mayores escenarios de violencia entre los integrantes de la comunidad estudiantil.

El uso de la fuerza para resolver el conflicto en la UACM constituye, pues, una solicitud improcedente, que cancelaría de tajo las posibilidades de una salida negociada e implicaría una derrota de la política frente a la intransigencia y la unilateralidad. Adicionalmente, dicha solución dañaría severamente la posición del gobierno capitalino, que hasta ahora ha intentado mediar entre las partes en pugna y ha procurado mantenerse en una posición intermedia respecto de las mismas. Por fortuna, el Gobierno del Distrito Federal ha mostrado hasta ahora una actitud mucho más sensata y responsable que la de los sectores orozquistas, y ha rechazado la posibilidad de un ingreso policial a las instalaciones de esa casa de estudios. Así lo anunció su titular, Marcelo Ebrard, hace unos días, y lo reiteró ayer su secretario de Gobierno, Juan José García.

Por otra parte, el ingreso de la fuerza pública a los planteles podría derivar, en lo inmediato, en la liberación de los mismos, pero dejaría intacto el principal foco de conflicto en la casa de estudios capitalina: el rechazo mayoritario de esa comunidad universitaria hacia el rectorado de Esther Orozco, que se expresó en la composición del tercer Consejo Universitario desconocido por la funcionaria, y que explica en buena medida sus reiterados intentos por dinamitar cualquier forma de solución que pase por el reconocimiento de ese órgano de gobierno en su composición original, es decir, aquella que emanó de los comicios de julio de este año en la UACM, y en la que el grupo de afines a la rectora era minoría.

El desempeño de Orozco en la gestión del actual conflicto; su actitud tolerante y auspiciosa a las acciones violentas cometidas en contra de los inconformes, y sus esfuerzos por colocar la crisis en la UACM en un callejón sin salida, han provocado que la propia funcionaria sea, hoy por hoy, el principal factor de tensión y división en esa universidad, y es arduo suponer que esos lastres puedan superarse en la medida en que la actual rectora permanezca en el cargo.

En la circunstancia presente, y al contrario de lo que afirman los consejeros orozquistas, la no intervención de la fuerza pública es una medida imprescindible para salvaguardar la autonomía de la UACM, pero no basta con eso: para defender y hacer valer ese principio, es necesario también que el gobierno capitalino impulse una salida basada en la negociación que derive, cuanto antes, en el restablecimiento de la institucionalidad democrática dentro de la UACM y en el pleno respeto a la voluntad de la comunidad universitaria, con todas las implicaciones que ello conlleve.

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